miércoles, 21 de noviembre de 2007

Reencuentro de la Generación 67

Cuarenta años son posibles sólo una vez

La ciencia y la sabiduría popular coinciden en que la emotividad aumenta con los años. Una buena demostración de ello fue el almuerzo que la generación 67 del LdeA compartimos el sábado 10 de noviembre en el restaurant El Caleuche para re-celebrar o recordar los 40 años de nuestro egreso formal desde el alero estricto pero afectuoso de nuestros profesores.

Era finales de 1967 cuando 156 jóvenes llenos de inquietudes que ya creían ser hombres en un mundo bullente de ilusiones y convulsiones abandonaron las aulas que los vieron crecer. Sentían que por fin rompían el huevo o cortaban el cordón umbilical. Ya eran egresados de los sextos años de humanidades. Ya veían surgir en ellos mismos los primeros gérmenes ideológicos, pero sin que jamás dejaran de respetarse, apreciarse. Dividirse era impensable.

Más adelante la vida se comportó distinta con cada uno de nosotros. Para algunos mejor que para otros y unos terceros no pudieron estar físicamente pero sí en los recuerdos emocionados de la justa del sábado. Llegamos 58.

Nos acompañaron cinco profesores: Jorge Pérez (francés), Arturo Escalona (física), Jaime Petit (biología), Teodoberto Rojas (educación física) y Fernando Barraza (educación física). ¡háganme esa!



El almuerzo estuvo realzado por los encendidos discursos de varios ex alumnos de la generación y de los profes presentes. Además, estos últimos pasaron lista como hace 40 años. Nadie hizo demasiados esfuerzos por esconder alguna lágrima que se escapó traviesa, más aún cuando al nombrar a los ya ausentes para siempre, todos respondimos “presente, señor”.

Quiero aprovechar esta tribuna para rendir un merecido reconocimiento a la comisión organizadora (formada por representantes de los cuatro sextos), que por meses se sacó la … por el éxito de la reunión.

No dejaron detalles ni cabos sueltos, desde el acarreo de los más “ocupados e importantes”, pasando por la recolección de los fondos, pagar lo que había que pagar, ayudar a quienes lo necesitaban para que no faltasen, la grabación de un CD conmemorativo con imágenes de ayer y hoy, hasta lo que personalmente me pareció más llamativo: todos vestidos con poleras rojas con la gloriosa insignia del LdeA a la izquierda del pecho sobre una leyenda en negro “Generación 67”.


Por último debimos colgarnos solapines con nombre y curso de egreso para identificarnos y reconocernos luego de cuatro décadas sin abrazarnos y, en muchos casos, ni siquiera vernos.

Es probable que podamos juntarnos de nuevo, pero es imposible que lo hagamos en 40 años más. Por lo tanto, lo del sábado 10 fue inédito e irrepetible. ¡Qué lástima por los que se lo perdieron!

Arnoldo Carreras García

Periodista
6º D de Humanidades 1967
Liceo de Aplicación
acarrerasg@vtr.net