miércoles, 20 de junio de 2007

Profesor José Salas Carrasco

MARIO JOSE SALAS CARRASCO
Un profesor por naturaleza con una gran vocación de servicio



En un lugar cercano a la ciudad de Rancagua, llamado Alto Jahuel, nació el 11 de Noviembre de 1920, Mario José Salas Carrasco, uno de los 5 hijos de Joaquín y Sara, que en esos tiempos se dedicaba al cuidado de un Fundo y a la producción de productos agrícolas y avícolas. Sus primeros estudios los realizó en escuelas y liceos de la zona.

Los fríos inviernos, sentados alrededor de un fogón, tomando te y comiendo sopaipillas, fueron en muchas ocasiones el escenario en el que trasmitía sus conocimientos a algunos amigos y especialmente a los campesinos que apenas sabían leer y escribir. Desde entonces se podía sentir su interés por la docencia e intuir lo que luego sería la actividad de la mayor parte de su vida.

A pesar de los escasos recursos que tenía la familia Salas Carrasco, y en busca de un mejor futuro, decidió trasladarse a Santiago a estudiar en la Escuela Normal, donde terminó con el titulo de Profesor Normalista (1937 – 1940)

En paralelo, ingresó en la Escuela de Economía de la Universidad de Chile, para estudiar la carrera de Ingeniero Comercial, la cual logró terminar con mucho esfuerzo en el año 1942; sin embargo, su gran frustración fue no haber podido obtener el título de graduado, pues debido a las necesidades económicas de la familia, su primera exigencia era el trabajo, y la falta de tiempo no le permitió entregar la memoria de grado.

Comenzó su carrera como Profesor Normalista, realizando una practica profesional y posteriormente como Profesor Titular en el Colegio de Sewell, en la mina de Cobre, donde impartía clases a los hijos de los esforzados mineros que trabajaban y vivían en el pueblito de Sewell, icono de la historia de la minería chilena. Fue una época muy dura en su desarrollo profesional, soportando las bajas temperaturas de la zona y teniendo que viajar permanentemente a Santiago para continuar con sus estudios.

En el año 1946 participó en un concurso del Ministerio de Educación, donde postuló y obtuvo el cargo de profesor de enseñanza básica, el cual ejerció desde 1947 impartiendo clases de todas las materias como castellano, matemáticas, historia, etc. a los alumnos de 4° , 5 y 6° año básico.

Intransigente y de fuerte carácter, siempre fue estricto en el desarrollo de su labor docente, pero en la misma proporción, poseía una paciencia sin límites para trasmitir sus conocimientos dada su gran vocación para la enseñanza.

En el año 1948, decide iniciar actividades empresariales relacionadas con la educación. Sin dejar sus clases en el Liceo Aplicación, funda su propio colegio, subvencionado en parte por el estado, el SANTIAGO JUNIOR SCHOOL, que tuvo su sede por muchos años en la Avenida Blanco Encalada, (frente al Regimiento Tacna) y que posteriormente fue trasladado a la calle Maturana. La mudanza, unida a las crisis económicas y políticas de principio de los años 70, le produjeron grandes pérdidas económicas, y se vio obligado a terminar con el gran sueño de su vida como director de su propio colegio. El cierre del mismo, le trajo una profunda depresión que hubo que tratar largamente y que le ha dejado secuelas de por vida.

Su etapa como profesor concluye en el Liceo Aplicación en 1974, año en que se acoge a una jubilación por enfermedad y en el que se dedica a realizar trabajos administrativos desempeñando el cargo de Sub –Director de una escuela de una buena amiga, hasta el año 83, donde dejo toda actividad laboral, sin volver a ejercer nunca más su carrera de profesor.


En el año 52, se casó con María Teresa Piteau, hija de un emigrante francés, amante de la buena mesa, vino, mujeres y carreras de autos, que había llegado a Chile desde Bolivia para incursionar en el ambiente automotriz, con el que Mario José compartió muchos buenos momentos.

De ese matrimonio nacieron 2 hijos, José Joaquín y María Teresa, a quienes, con el carácter estricto que lo identificaba, siempre inculcó los buenos modales y educación. La relación no siempre fue fácil, pues parecía no poder separar su rol de maestro con el de padre, pero a pesar de todas las vicisitudes vividas, con mucho esfuerzo logró su otro sueño, que ambos fueran profesionales.

El gran hobby que tuvo cuando era muy joven, fue la cacería de la tórtola y perdiz, actividad muy común en el campo, donde transcurrió su niñez y parte de su adolescencia. Inicialmente las cazaban con una onda y después, con su padre, aprendió el uso de la escopeta. Este deporte fue una de las actividades que más compartió con su hijo, saliendo con el a cazar en las frías mañanas de invierno alrededor de El Olivar, Alto Jahuel, y acompañados, siempre, de su gran amigo, su hermano mayor que fue ejemplo de lealtad, solidaridad y fidelidad, el tío Joaquín.

Mario José, fue un gran lector y una persona muy culta, y un gran fanático del Colo Colo, club al que acompaño todas las veces que pudo en el Estadio Nacional y del que aún hoy en día es fiel seguidor. Fue también un enamorado del buen comer, las fiestas, los viajes y gran amigo de sus amigos.

Para finalizar, puedo decir, que mi padre tuvo una vida plena, Como maestro, logró sus metas profesionales desarrollando su vocación por la enseñanza. Como padre, marido y amigo también logró sus metas personales, y que aún hoy, a pesar de su delicado estado de salud sigue siendo un amante de la vida.



José Salas Piteau
Santiago, Junio del 2007